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El legado de Guardiola

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Hace aproximadamente tres años, Messi marcaba un gol inverosímil de cabeza: el rival, Manchester United; el escenario, la final de la Champions League 2009. Una estampa memorable, de las que tendremos un álbum lleno para la historia, tras cuatro años de un futbol esplendoroso.

Jorge Valdano, con su habitual agudeza,  comentó sobre la salida de Guardiola

“Desde que yo veo fútbol no hay ningún equipo que haya superado a este Barcelona. Barcelona ha jugado siempre de la misma manera con todas las variaciones que ha hecho Guardiola como sumar mediocampistas o pasar a defender con tres, lo ha hecho con éxito. La mayoría mantiene la receta cuando gana. Es un signo más de la búsqueda permanente por superarse”.

“El último gran legado que ha dejado Guardiola es convertir a la idea en el auténtico líder del equipo (…). Primero el juego, después el resultado; o primero el juego como vía para alcanzar los resultados”.

Doble victoria: en juego y en resultado.

Guardiola llego en 2008 al banquillo del Barcelona, procedente del filial. Despertaba más duda que certidumbre, y desde el inicio se vio cobijado por el público del Camp Nou, quién lo acogió como acoge a sus hijos predilectos. En el Barca, el catalán no es capricho, y Guardiola encarna al catalán ideal: un dandi que derrocha seny, refinado y de porte sofisticado, elocuente, disciplinado, fanático del trabajo y la mesura, con temple de granito y fraternidad paternal. Cosmopolita, antes catalán que español,  no deja de proyectar la imagen de ciudadano del mundo.

Con la salida de Ronaldinho y Deco, dos emblemas del ciclo de Rijkard, Pep se volcó a los frutos de La Masía.  Los maduros, como Xavi, Puyol e Iniesta, recobraron un papel primordial; especialmente Xavi, quién se convirtió en el director de la orquesta, formando a lado de Iniesta  una dupla de dimensiones legendarias, capaz de ejecutar una sinfonía completa durante 90 minutos. Los tiernos, como Busquets, ejemplificaron el proceso Guardiola: canterano, recorrió todas las etapas en La Masía, llegando al primer equipo de la mano del técnico. De a poco, se fue adueñando del círculo central del campo, transformando la posición más rocosa del futbol moderno (De Jong, Ambrosini, Khedira) en el sostén de los virtuosos: de correr tras el balón para recuperarlo, pasó a cuidarlo para no perderlo, a posicionarse para llamarlo cuando éste se escapaba de los pies blaugranas. El primer toque, la salida, el desahogo, y el rondo artesanal,  inician en sus botines; la frustración rival, también. Tan fino, que hasta pega con elegancia.

Cuatro años después.

El trabajo de Guardiola se tradujo en notables mejoras y transformaciones en el juego de los futbolistas que dirigió.  Piqué, pasó del anonimato a convertirse en uno de los mejores centrales del mundo; Pedro, de la segunda división, al extremo goleador; Alves, de lateral en un equipo menor, al dueño absoluto de la banda derecha más exigida del mundo; Valdés, de portero cuestionado por su manos, a la consagración por su juego con los pies.

Messi terminó por convertirse en un jugador de proporciones míticas con el equipo que Guardiola diseño alrededor de él. La  llamada zona Messi fue clave en el éxito de estos años: sin delantero centro tradicional (a excepción de los primeros dos años), el argentino parte desde la posición del 10, haciendo frontón con sus compañeros, para llegar a la definición, el pase desequilibrante, o la falta crucial. Dicha fórmula ha originado más de 200 goles en 4 años, conduciendo al rosarino a enmarcar cifras colosales como los 72 goles que lleva esta temporada, a los que se suman sus decenas de asistencias.

El maridaje perfecto.

Con estos jugadores, y la herencia de la escuela de Cruyff, Guardiola tejió un equipo con una idea clara, que se puede sintetizar en la siguiente fórmula: tener el balón, circularlo por todo el campo, esperar pacientemente a que se genere el espacio, e introducir el pase,  drible o  tiro definitivo que conduzca al gol. Parece sencillo, pero el esquema implica una complejidad táctica enorme (desmenuzada muy bien en el blog Paradigma Guardiola) y años de formación para interiorizar la idea de la cabeza a los pies, complementada con una calidad y excelsitud técnica notable. La manera de ejecutar la idea por el Barca de Pep es brillante, los futbolistas se divierten como en el patio de la secundaria, y el público goza; el único que sufre es el franquista del Madrid (y el del rival en turno, por supuesto).

La fórmula tan admirada del Barcelona, no condujo al triunfo en contadas ocasiones, pero la idea persistió, desafiando las leyes del pragmatismo, apremiando a un fundamentalismo futbolístico que generó una sólida identidad, única por su terquedad y apego irrenunciable a un estilo de juego que no deja indiferente a nadie. Retomando a Valdano, el gran legado de Guardiola queda en la historia bajo las siguientes premisas: jugar sin traicionar tu formación, jugar para engrandecer el resultado, que puede ser favorable o adverso, pero nunca en menoscabo de la victoria moral lograda cuando se es congruente con una idea de principio a fin.

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Guardiola es el eslabón en la Santísima Trinidad de la historia culé.

Para recordar, la memoria visual de un futbol que maravilló al mundo:

Omitan la voz del narrador.

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Written by Los hijos de Bora

mayo 15, 2012 a 10:34 pm

Publicado en Clubes del mundo, Hitos

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