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Messi, el crack de nuestra generación

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La reinvención del 10

Recuerdo que hace algunos años,  César Luis Menotti,  en el programa Los Protagonistas, dictó como parte de su habitual cátedra futbolística, una definición sencilla y magistral de lo que es el “crack”:

El crack es aquel jugador que hace la jugada correcta en el momento correcto: que cuando tiene que tirar, tira; cuando tiene que pasar, pasa; cuando tiene que driblar, dribla; cuando tiene que poner la pausa, lo hace…ese es el crack”

Michel Platini, fino mediocampista francés en la década de los ochenta, y quién ahora ocupa la antesala del máximo trono a nivel mundial de la burocracia del balón, dijo en alguna de las múltiples galas de la UEFA:

“Cada generación cree tener entre sus filas al mejor jugador de todos los tiempos. Los viejos de los años 50 piensan que es Pelé. Los de los 70 que es Cruyff. Los de los 80 que es Maradona y los del 2000, que Zidane era el más grande. Y en estos momentos, es Messi”

Partiendo de esa interesante premisa, el debate de múltiples tertulias se puede elaborar con un nuevo giro: cada generación tiene su crack.  “Es imposible compararlos” mencionaba Platini; y en gran parte tiene razón.

El niño que nació con una pelota...

El niño que nació con una pelota

Cada década cuenta con un crack que simboliza los cambios del futbol a través de la historia. En los sesenta, Pelé, a pesar de las animadversiones que genera, fue el pionero en imponer la técnica y el juego colectivo como orden sobre el desorden que caracterizaba al futbol en esos tiempos. En los setenta, Cruyff encabezó la llegada a la cancha de la profesionalización táctica dirigida al máximo potencial ofensivo. En los ochenta, Maradona desbarató todos los esquemas de la imaginación futbolística con actuaciones heroicas e imposibles. Los noventa marcaron la consolidación del futbol como gran negocio a escala mundial, y dos delanteros brasileños fueron las estrellas: Romario y Ronaldo. Entre siglos, el porte y elegancia aristocrática de Zidane, nos hicieron recordar que la pelota es  un juego en que la técnica e inteligencia priman sobre el derroche atlético.

Ahora, en los tiempos del futbol como negocio-espectáculo,  en el que los jugadores son portentos físicos que juegan 60 partidos al año y la táctica se trata como ciencia oculta, la generación de la velocidad es testigo de un crack que reúne las características de todos sus predecesores, con un plus: rompe las marcas más férreas y los esquemas defensivos más rígidos de la historia. Corto de estatura, con la pelota pegada el pie, ojos de niño y rostro amable, carácter afable que transmite la alegría de jugar por gozar, disfruta los partidos profesionales como se disfrutan los encuentros en la calle, en el terregal, en el potrero. Lionel Messi es hijo de su generación futbolística:  un superdotado en la potencia, la velocidad y la resistencia física, capaz de regatear en un metro cuadrado a una defensa completa como de atravesar cincuenta metros esquivando rivales; solo basta un control, un movimiento de cadera, un engaño… Messi juega al futbol con los pies, las piernas, el pecho, la cabeza, y ese talento innato que es necesario para superar los marcajes supersónicos del futbol actual: decide en milésimas de segundo, con la mente y el cuerpo, la jugada que rompa, destroce, atraviese con precisión quirúrgica cualquier intento de destrucción a la creatividad, cualquier obstáculo a la imaginación. Puede ser un pase, un tiro, un ligero toque al balón, un regate impensado, una finta, una pausa, un cambio de ritmo, una definición excelsa; con Messi, todo es posible.

La reverencia involuntaria

Sus números son portentosos: esta temporada lleva 54 goles (en todas las competiciones) y más de 20 asistencias; acaba de convertirse en el máximo anotador de la historia del Barcelona, con 234 tantos; ha ganado tres balones de oro consecutivos, y tan solo tiene 24 años. Entra a la edad de la plenitud futbolística, y parece que los mejor está por venir.   Desde que llegó Guardiola, con quién ha establecido el maridaje perfecto, Messi  amplió su rango de juego de la banda al centro del campo, aspecto que le ha permitido explotar todo su talento, marcando más de 180 goles y encabezando al mejor Barca de la historia; en este sentido, cabe señalar que el brillo de Lionel no puede entenderse sin el equipo que lo rodea. Xavi, Iniesta, Alves, Busquets y compañía son constructores de la grandeza del argentino, pero a su vez, Messi apuntala y decide los triunfos colectivos. El virtuoso que se rodea de los mejores,  con quienes comparte el baño de gloria (13 títulos de 16 posibles).

Con sus cómplices

Messi está siempre presente en las grandes citas, sus goles y asistencias son decisivas en partidos trascendentales; su especial inspiración frente al máximo rival (le ha anotado 13 goles al Madrid, 13 goles al mejor portero del mundo) lo coloca como un tótem para el barcelonismo. A pesar de la frialdad catalana, las lisonjas masivas son costumbre de cada domingo en el Camp Nou, y en el imaginario infantil todos quieren ser Messi. Aquel muchacho que firmó su primer contrato en una servilleta, y que tuvo que ser sometido a un tratamiento especial para contrarrestar sus problemas de crecimiento,  mamó el espíritu y la filosofía del club desde los 12 años, convirtiéndose en un autentico canterano a pesar de venir del otro lado del océano.

La mítica servilleta

Desobedeciendo un poco a Platini, muchos argumentan que para conquistar la corona del mejor jugador de la historia, Messi necesita ganar un mundial. Lionel es argentino de nacimiento pero catalán de formación, y el futbol lo vive de manera diferente a como se vive en su país, en el que Maradona es el principio y el fin de todo. El pueblo argentino, acostumbrado a los caudillos futbolísticos extraídos de la barriada y el lodazal, cuya epopeya se describe en el emblemático tango “el sueño del pibe”, exige a Messi que se comporte como algo que no es; el día que Argentina entienda que Messi no es Maradona y que puede portar el 10 sin usurparlo, favorecerá   la creación de un equipo, y sobre todo, de un entorno,  acogedor para el jugador rosarino, a quién todavía le pesa el fantasma.  Sin embargo, pareciera que la única opción de Messi para la consagración ante su pueblo, es conquistar la copa del mundo en tierras brasileñas; ¿podrá?

El peso histórico del 10

Mientras tanto, no queda más que disfrutarlo…

A falta de la quinta parte, los cinco goles al Leverkusen y el Hat Trick del récord:

Los 13 goles al Madrid

Las asistencias

Y para finalizar:

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Written by Los hijos de Bora

marzo 28, 2012 a 6:54 pm

Publicado en Hitos

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